¿Qué es y para que sirve el factoring en las empresas?

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La necesidad de liquidez en el corto plazo y las dificultades por acceder a fuentes convencionales de financiamiento para afrontar contingencias son, a menudo, obstáculos que se les presentan a las pequeñas y medianas empresas.

Tal situación se produce aún cuando muchas de estas empresas tienen, por lo general, cuentas por cobrar a 30, 60 o 90 días, que constituyen activos reales de cada compañía.

El factoraje -palabra que también la podemos encontrar como factoreo, o en su préstamo del inglés factoring– es la actividad que une ambas circunstancias y procura resolverlas en una solución financiera.

La industria del factoring es todavía incipiente en nuestra región y su potencial de crecimiento es muy grande. Foto: Creative Commons
La industria del factoring es todavía incipiente en nuestra región y su potencial de crecimiento es muy grande. Foto: Creative Commons

Esquema básico del factoring

En su esquema básico, la operación se puede explicar del siguiente modo: un intermediario financiero (también llamado factor) compra a un empresa (o cedente) una cuenta por cobrar que representa el compromiso de pago de una firma tercera (o deudor), expresado en una factura, letra de cambio, pagaré, entre otros documentos.

Tras aplicar un descuento en concepto de comisión e interés, el factor adelanta de manera inmediata al cedente buena parte del importe facturado, completando el saldo una vez que el deudor hace efectiva la deuda en el lapso estipulado.

La plataforma digital de educación financiera Investopedia, al definir “factor”, propone el siguiente ejemplo (nosotros lo vamos a parafrasear en español, evitando nombres propios):

Suponga que un factor X ha acordado la compra de una cuenta a cobrar de Y por $ 1 millón, representando cobros pendientes de H. El factor X descuenta un 4% el monto de la factura y adelanta $ 720,000 a Y. El saldo de $ 240,000 será reembolsado a Y una vez que H efectivice $ 1 millón. Los gastos y comisiones que surgen de este ejemplo ficticio totalizan $ 40,000.

La Factors Chain International (FCI), una red internacional de compañías de factoring, con sede en Ámsterdam, Holanda, concibe a esta actividad como un paquete financiero completo, que combina financiamiento de capital de trabajo, cobertura frente al riesgo de crédito, contabilidad de cuentas por cobrar y servicios de cobro

Las ventajas del factoring en las empresas

Acosadas muchas veces por las urgencias del día a día, las pymes pueden encontrar en el factoring varias ventajas:

  • Liquidez y posibilidad de obtener dinero efectivo inmediato;
  • No requiere garantías reales, a diferencia de los productos de crédito convencional;
  • Externalización, pues el factor asume la gestión del cobro facilitando la puntualidad y cancelación de las cuentas;
  • Ahorro de costos, en tiempo y dinero que las empresas ya no destinarán a la administración de esa cartera;
  • Mejor planificación de tesorería, al asegurarse flujos y plazos ciertos.

En el contexto específicamente latinoamericano, con una gran cantidad de micro y pequeñas empresas sin historial crediticio, el factoring suma un doble beneficio: por un lado resuelve el problema de financiamiento sin recurrir a un endeudamiento probablemente costoso; por otro lado supone un proceso de calificación que puede ayudar a mejorar el perfil de riesgo de clientes, hipotéticos sujetos de crédito en condiciones más ventajosas.

El factoring en América Latina

La industria del factoring es todavía incipiente en nuestra región. Y su potencial de crecimiento es muy grande.

Como para darnos una idea: la red FCI integra sólo a 23 empresas de factoraje de América Latina y el Caribe (Argentina 1, Bolivia 1, Brasil 2, Chile 4, Colombia 1, Costa Rica 1, Ecuador 1, Honduras 1, México 3, Perú 4, República Dominicana 2, Trinidad y Tobago 1 y Uruguay 1), un número comparativamente bajo frente a las 120 europeas y 100 asiáticas.

No obstante el sector muestra una creciente institucionalización. En los últimos veinte años se han constituido, entre otras instituciones, la Asociación Chilena de Factoring (ACHEF), la Asociación Mexicana de Factoraje Financiero y Actividades Similares (AMEFAC), la Cámara Costarricense de Empresas de Factoreo (CCEF), la Asociación Brasileña de Factoring (ABFAC, con sede en San Pablo), la Asociación Colombiana de Factoring y Entidades Afines (Asofactoring, con sede en Medellín) y la panregional Asociación Latinoamericana de Factoring (FELAFAC, con sede en Santiago de Chile).

En una región en general cada vez más abierta, con pymes exportadoras, crecientemente integradas a cadenas del comercio transnacional, el factoring internacional les brinda, además, un recurso más para una operatoria tranquila, a través de la cobertura de riesgo de sus compradores en el extranjero.

Nada extraño si se tiene en cuenta que los pioneros del factoring internacional son de nuestro continente. Allá por la colonia, en tiempos de globalización mercantil, los productores americanos de madera y algodón tenían ya sus agentes o factores en Europa, que les adelantaban fondos a cuenta de los cargamentos. Difícil era, si no, sostener la producción, a la espera de que el barco llegue a destino.

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