Arón Prado, una historia de superación hacia el éxito

Dejar un comentario

La trayectoria de Arón Prado, creador y gerente general de Acrimetal, es un caso en el que pueden identificarse algunos de los atributos indispensables para el éxito de un empresario en cualquier área de actuación: creatividad, persistencia e innovación.

Nacido en Puquio (Ayacucho), Arón Prado León llegó a Lima en su adolescencia con “una caja de leche Gloria, un papelito con una dirección y cinco soles”. Ese fue el punto de partida de un camino que lo condujo a convertirse en líder nacional en la fabricación de maniquíes (Warmi), muebles de oficina y otros artículos de fibra de vidrio y metal.

Áron Prado
Los clientes de Arón Prado son cadenas peruanas y extranjeras de retail. Foto: iStock, Getty Images

Arón Prado se gana un lugar en Lima

Sus clientes, que son cadenas locales y extranjeras en el sector retail, ven en Arón Prado a un empresario competitivo, que ofrece productos de calidad, puntualmente, con eficiencia en costos, agresividad , innovación y compromiso.

Su éxito no es producto de la casualidad o la suerte, sino de la persistencia en sus objetivos, un sentido de la superación y creatividad, entre otros atributos. Para llegar a dirigir la fábrica que tiene en el parque industrial de Villa el Salvador, Arón Prado ha sabido dar los pasos apropiados en cada momento de su trayectoria.

Venta, ahorro e inversión

Después de sus primeros tiempos en Lima como vendedor ambulante de diversos artículos, Arón Prado pasó a las ferias. Con ello, comenzó a tener mejores ganancias y entonces pudo empezar a ahorrar.

Ya con la idea de superarse en los negocios, el entonces joven Prado utilizó esos primeros ahorros para montar una tienda de ropas en la Galería Congreso, en la avenida Abancay. Eran los años 80 y frente a su tienda había un local de maniquíes.

La dueña de ese negocio se quejaba de que no vendía nada, pero casi ni aparecía por el lugar. Eso fue una oportunidad para Arón Prado, que decidió atender a las personas que iban a buscar maniquíes y encontraban el local cerrado la mayor parte del tiempo.

El emprendedor le pidió a la mujer que le dejara unos modelos para “probar suerte”. Después de vender los primeros vio que había allí una oportunidad de dar un nuevo salto en sus negocios.

Los maniquíes ‘abstractos’

“Ví que las utilidades eran mejores y la demanda era mayor. Entonces decidí comenzar a fabricar maniquíes en un taller en mi casa”, dice el emprendedor, que fundó Acrimetal en 1988, especializándose al principio en “pantaloneros” y “tres cuartos” (piernas y tronco, respectivamente).

En 1996 lanzó la marca Warmi, para fabricar maniquíes “con diseño y arte”. En 2010, decidió armar tres prototipos sin rostro y pintarlos de blanco. “De repente, esos modelos ‘abstractos’ comenzaron a venderse a rabiar”, recuerda el ahora gerente general.

La fábrica, de 1.800 metros cuadrados y más de 60 trabajadores, cuenta con un departamento de investigación, diseño y desarrollo, que le permite una constante innovación en sus productos. Provee a cadenas y marcas en Perú y países del Pacto Andino, con un alto estándar de calidad.

Más grande

“Yo creo que la clave del emprendimiento es la voluntad de hacer las cosas, la honestidad y la diferenciación de la competencia”, dice Arón Prado. Con proyección hacia el mercado externo y apuntando fuertemente a Estados Unidos, el empresario señala también como claves de su éxito la innovación permanente.

“Nuestros maniquíes tienen una vida útil de dos años y ello nos obliga a innovar permanentemente”, sintetiza este ayacuchano cuya realidad de éxito es una confirmación de la promesa que le hizo a su padre cuando dejó su Puquio natal para intentar suerte en Lima: “voy a ser grande, voy a ser mejor”.

Si tienes alguna duda, sugerencia o consejo sobre este tema, comenta a continuación. Aprovecha para compartir este contenido con tus amigos y colaboradores, a través de las redes sociales.

Ingresa para comentar